El bombo es un instrumento de percusión totalmente artesanal. Casi en su totalidad se confecciona en Santiago Del Estero, el resto se hace en salta. Tuve la suerte de estar en Santiago del Estero con un gran artesano y vi en su casa una cantidad enorme de troncos secándose que después de un tiempo prudencial y un proceso laborioso se iban a transformar en instrumentos.


Me llamó muchísimo la atención ver como este amigo de apellido Paz y sus hijos comenzaban a darle forma a un pedazo de árbol tosco. El trabajo empieza con una gubia de mas de un metro y medio de altura sacando desde el centro astillas de un tamaño importante y logrando un cono hacia el centro de esta madera hasta mas o menos la mitad de su altura y ahí se lo gira 180 grados y empiezan a trabajar la parte de abajo, de la misma forma, hasta llegar a unir los conos en donde se produce una luz que son los vértices de los dos conos concéntricos.

Se le coloca un suncho en esta etapa para protegerlo de las rajaduras. El trabajo sigue cada vez con herramientas mas sofisticadas hasta lograr un grosor en todo el tronco de aproximadamente dos centímetros. Tiene dos parches de cuero crudo, generalmente de oveja y de cabra, según el origen animal del parche será el sonido. Los tientos para trenzarlo son casi siempre de cuero crudo, en algunos casos de suela.

Particularmente prefiero utilizar cuero crudo porque es mucho más fuerte y resistente, por lo que posibilita ajustar mejor los parches. El sonido del bombo difiere mucho según el parche que se golpee. Particularmente he utilizado parches de ciervo de la patagonia, un cuero muy duro de trabajar, pero muy resistente. Uso dos palos de cierto peso para tocar, en los extremos tienen un cabezal con un tejido de lana que amortigua el golpe en el parche. Los aros con que se sostienen los parches y que permiten tensarlos son de madera dura porque en algunas canciones el golpe del aro es fundamental y sufren mucho desgaste.

En mi caso siempre use una correa al hombro para colgarlo y tocar porque considero que aparte de cómodo es fundamental sentir las vibraciones del instrumento sujeto a mi cuerpo; esto me produce una sensación extremadamente grata.

Muy pocos son los ritmos nativos que no llevan percusión; por ej. la música de la mesopotamia, esto responde entre otras cosas a los orígenes de la misma, ya que el chamamé se remonta a Alemania. Este instrumento me acompaña desde mi adolescencia ya que en mis primeras incursiones en la música nativa canté con un grupo que se llamo Los Puesteros de Yatasto. En ese momento necesitaron que alguien hiciera la percusión y yo me dediqué a pulsar este único instrumento que constantemente mantiene el ritmo de la canción y le otorga una profundidad inconfundible.

Todo el tiempo que cante con Los Chalchaleros mantuve a mi lado un único instrumento, pese a que tengo cuatro bombos más, este que ustedes pueden ver fue el que me acompañó durante 38 años. Me acompañó en mis giras por distintos lugares del mundo; Australia, Canadá, Estados Unidos, Europa, los países escandinavos, toda América Latina, y por supuesto nuestro país al que recorrimos muchas veces en su totalidad, incluida la Antártida. Por eso el cariño que le tengo y lo que significa para mi. Muchas veces llegamos a lugares en donde el clima no era propicio para conservar el cuero crudo en óptimas condiciones ya que los parches sufren el cambio brusco por ej. en los vuelos de corta y larga distancia.

Con este instrumento estuve acompañando a colegas amigos como Falu, Mercedes Sosa, Yupanqui, Los Fronterizos, Cafrune, Jairo, El Cuchi Leguizamon, Les Luthiers, Serrat, Fito Paez, Los Nocheros, Alberto Cortez, Horacio Guarani, Coplanacu y muchos otros grupos y solistas en festivales en donde nos encontrábamos disfrutando de nuestra música.

Más de una vez al bajarme del escenario, sobre todo en Europa, no falto quien me pregunte en cuanto lo vendía, la verdad es que este bombo me va a acompañar por siempre.

Eduardo Polo Román